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2.9.09

Asesinan a Christian Poveda

Acabo de leer una noticia en El faro en la que anuncian el asesinato del fotógrafo y documentalista francés Christian Poveda. Su cuerpo fue encontrado hoy por la tarde en el municipio de Tonacatepeque. La noticia también se difundió en La prensa gráfica.

Poveda filmó en nuestro país el documental La vida loca, un retrato impactante sobre la vida de una de las pandillas más peligrosas que operan a nivel nacional. Trabajó más de un año para la realización de esta cinta.

La policía no ha brindado muchos detalles sobre el asesinato de Poveda. Tenía varios impactos de bala y estaba dentro de su vehículo. No se ha aclarado si murió a manos de pandilleros o delincuentes comunes.

27.4.09

La vida loca


Hace unos días una buena amiga me dijo que se iba a proyectar el documental llamado La vida loca en el Museo de antropología. Me sugirió que llegara temprano pues había muchas personas interesadas en verlo. Tenía razón. Al momento de entrar la cola era muy larga. Es algo que no sucede muy a menudo cuando se trata de una actividad cultural en el país.

Christian Poveda, el director del proyecto, obtuvo el permiso tanto de la policía como de la Mara 18 (una de las dos grandes pandillas en el país) para filmar durante dieciséis meses en La Campanera, uno de los barrios más peligrosos del área metropolitana. De acuerdo con Poveda, él buscaba retratar no la violencia que se desprende de este grupo, sino la vida diaria de sus integrantes.

El relato es perturbador. Si yo condujera desde mi casa hasta esa zona no me tardaría en llegar más de cuarenta minutos. Pero la diferencia en las condiciones de vida entre ambos sitios es gigantesca. Cuesta creer que vivimos en el mismo país. He visto en muchas ocasiones a los pandilleros de distintos grupos, pero este documental muestra otra faceta que ni siquiera había imaginado.

¿Cómo imaginar que en el velorio de uno de los muchos muertos de esa guerra sin pausa entre las dos grandes pandillas se efectúa un rito de despedida tan elaborado? Los compañeros del fallecido rodean el féretro y repiten una oración en la que hacen invocaciones a la amistad y, por supuesto, a la pandilla. Sus manos adoptan la forma de uno de los muchos símbolos que utilizan para identificarse como miembros de la 18. Y mientras tanto, más de uno jura venganza.

Las imágenes se suceden a gran velocidad: un organismo no gubernamental instala una panadería en la zona a fin de enseñarles a los muchachos un oficio para que abandonen la vida delincuencial. La policía, mientras tanto, suele arrestar a muchos de ellos por el hecho de verlos tatuados o en compañía de pandilleros reconocidos. Para colmo, uno de los miembros de la organización que dirige la panadería es condenado por homicidio. Unos meses después el proyecto se derrumba.

Una joven obtiene por primera vez su documento de identidad nacional. Siempre usa una cinta en la frente, pero para tomarse la foto del documento necesita quitársela. Así deja ver el tatuaje que la identifica con su pandilla. Sólo un complicado procedimiento médico la libraría de él, pero el lazo con sus compañeros es más difícil de disolver.

Luego de la proyección hubo una charla entre Poveda y el público. Me decepcionó que la mayoría de personas abandonara la sala sin escuchar lo que se mencionó ahí. No faltó quien se lamentara de la acción delincuencial de las pandillas, quien denunciara las extorsiones que ha sufrido, y quien propusiera algunas soluciones. El director dijo que él veía sólo un camino: el diálogo entre ambos grupos, con el propósito de detener esa violencia que los desangra. Luego entrarían en efecto los planes preventivos que el nuevo gobierno ha anunciado. Y no faltó quien creyera que esa propuesta no tendrá ningún efecto.

El tema es complejo. Jamás en nuestra historia habíamos padecido un problema de esta naturaleza. Poveda mencionó también -con mucho tino, en mi opinión- que un asunto tan difícil necesita del apoyo de la sociedad entera. Las causas son tanto estructurales como coyunturales, y las soluciones no las tiene una sola persona.

Si están interesados en ver este documental, se han programado funciones adicionales en el Museo de antropología para el 8 y 9 de mayo. Habrá dos proyecciones cada día. Existe la posibilidad de que también se realicen presentaciones en otras ciudades, pero aún no se ha confirmado. Manténganse atentos a los comunicados de Concultura.

22.10.07

Entrevista a Doris Lessing

El diario El País entrevistó hace unos días a la flamante ganadora del premio Nobel de literatura 2007, la inglesa Doris Lessing. La entrevista levantará muchas chispas a ambos lados del Atlántico, y más allá.

Uno de los comentarios de Lessing se refiere a los atentados del 11 de septiembre de 2001. Dice que "El 11-S fue terrible, pero si se repasa la historia del IRA, lo de los americanos no resulta tan terrible. Cualquier americano pensará que estoy loca. Murieron muchas personas, cayeron dos edificios prestigiosos, pero no fue tan terrible ni tan extraordinario como ellos creen; son gente muy ingenua, o fingen que lo son".

Aunque en la entrevista no se aclaran cifras de fallecidos, otras fuentes citan que en los atentados del 11 de septiembre murieron alrededor de 3,000 personas. Por otra parte, los atentados del IRA (Ejército republicano irlandés) causaron un aproximado de 3,700 muertos y miles más de heridos y mutilados durante una campaña de 30 años en contra de los intereses británicos.

La ganadora del Nobel hace también declaraciones en contra de los ex primeros ministros británicos Margaret Thatcher y Tony Blair, y los presidentes de Estados Unidos e Irán. Critica también la grave situación que se vive en Irán, Zimbabue y Afganistán. No hay que olvidar que Doris Lessing nació en un territorio que ahora forma parte de Irán, y que vivió durante años en Zimbabue.

23.3.06

La conjura de los necios


Ignatius J. Reilly es un holgazán, aprovechado, mantenido, pedante, tragaldabas, cochino, avaro y desvergonzado hijo de Nueva Orleans. No trabaja porque dice que no desea convertirse en un burgués, pero está dispuesto a exprimir hasta el último centavo del cheque de seguridad social de su madre, quien es una alcohólica asolapada.

Reilly tiene que buscar empleo por primera vez, a sus treinta años, pues su madre tuvo un accidente automovilístico y deben pagar las reparaciones de un edifico donde se estrelló. Él preferiría seguir en casa, leyendo a los clásicos y escribiendo una extensa diatriba contra el mundo occidental.

La conjura de los necios es una narración mordaz, muy entretenida y disparatada, en la que Reilly se convierte en el hilo conductor de una serie de historias que nos muestran el ambiente de una ciudad de Estados Unidos a finales de los años sesenta. Es una aguda crítica a la sociedad capitalista, a la izquierda antisistema (y antitodo), a la iglesia, al sistema educativo, a los medios de comunicación.

El amor platónico de Reilly es Myrna Minkoff, hija de una familia acomodada, pero que reniega de su fortuna para convertirse en defensora de las más insólitas causas sociales. A través de la correspondencia descubrimos las discusiones que mantienen, en especial por la forma en que cada uno cree que puede resolver los conflictos mundiales.

La narración nos lleva a conocer a distintos personajes: un policía que no logra hacer arrestos, una dama loca que desea jubilarse, un millonario que repudia la empresa que le dejó su padre, un anciano macarthista que corteja a la madre de Reilly, una mujer que sueña con ser bailarina exótica, un muchacho pendenciero que reparte postales pornográficas, etc. Todos se entrelazan en esta divetida y trágica novela, una de las que mejor recepción ha tenido por parte de la crítica en las últimas décadas.

El autor de este libro, John Kennedy Toole, se quitó la vida antes de que su obra más importante fuera publicada. Fue gracias al empeño de su madre que conocemos este trabajo, que obtuvo el prestigioso premio Pulitzer.