26.7.10

El hombre ilustrado


Lo confieso. Es hasta ahora que leo este libro, considerado un clásico de la literatura estadounidense del siglo XX. Y también es un clásico de la ficción científica. Ningún calificativo se puede añadir a los que ya se han asociado a él: maravilloso, excelente, sobresaliente. Es una obra maestra de la literatura.

Ray Bradbury es en sí mismo un clásico. El próximo mes cumplirá 90 años, en los que nos ha entregado libros que serán recordados en los siglos por venir: Crónicas marcianas, Fahrenheit 451, Las doradas manzanas del sol y El hombre ilustrado. En este último nos encontramos con una serie de relatos que tienen un punto en común. Son historias tatuadas en la piel de un hombre. Sus figuras se mueven, no permanecen estáticas. El narrador lo conoce una noche y observa con asombro y horror esas imágenes.

Lo que el narrador observa son historias de mundos futuros, poblados de máquinas que aún no conoce la humanidad. Una casa que posee una habitación que es capaz de proyectar los pensamientos más oscuros de unos niños se convierte en la trampa perfecta para encarcelar a los padres que desean desconectar el mecanismo de la habitación. Unos astronautas que han sufrido un accidente caminan por la lluviosa e inhóspita superficie de Venus en busca de uno de los refugios en los que se protegerán de las gotas que horadan sus carnes y su cordura.

En otro de los relatos encontramos a un cohete que marcha rumbo a Marte. Pero varios de sus tripulantes han muerto de unas fiebres inexplicables. Mientras tanto, en la superficie marciana se han refugiado los autores de los libros que han sido condenados a la extinción, al igual que sus personajes. Las brujas salidas de algunos de estos libros maldicen a los astronautas que se acercan, mientras que Poe y Bierce tratan de convencer a todas las criaturas de los libros condenados a que los ayuden en la imposible misión de sobrevivir.

Al final del libro encontramos la historia completa del Hombre Ilustrado. Una anciana plasmó en su piel los cuadros animados, pero dejó cubiertos bajo trozos de tela dos de ellos con instrucciones de que no podían ser vistos sino luego de algunos días. Uno está en el pecho y otro en la espalda. Cada uno de ellos, al ser descubierto, nos muestra un capítulo de horror y miseria. Un magnífico cierre para un magnífico libro.

3 comentarios:

luciernaga dijo...

Me dieron muchas ganas de leerlo, un abrazo mi amigo

Anónimo dijo...

a donde lo venden?

Arbolario dijo...

Yo lo compré en librería La Casita, en Multiplaza.