24.10.08

Peatón

Lo que más me agrada de mi carro es que ha sido muy confiable desde que lo compré, hace casi seis años. Aparte de los mantenimientos programados, sólo en muy escasas ocasiones lo he llevado al mecánico para resolver un problema imprevisto. Pero así ocurrió esta semana, por lo que me convertí de nuevo en peatón durante dos días.

Cuando me vuelvo un usuario del transporte público sigo una rutina. El primer día pago el pasaje con un billete de un dólar, pues me da pena preguntar el importe exacto. Sí, es cierto, suena ridículo. Debería saber en todo momento cuánto cuesta, pero el conductor de un carro le presta mayor atención al precio del galón de gasolina.

Otra de las cosas que hago cuando utilizo el bus es que salgo de la casa más temprano de lo necesario. He perdido práctica para calcular cuánto tiempo consumo al movilizarme en buses, y tardo un par de días en ajustar mis horarios. Pero el mecánico devuelve el carro pronto, así que el aprendizaje queda de nuevo en el olvido.

Antes de que comprara mi primer carro me decía que no necesitaba uno, que se gasta mucho dinero en gasolina, repuestos y un largo etcétera. Pero luego de dos meses al volante ya me había amoldado y no quería volver al pasado. Tengo ya quince años de conducir, y si me viera en la necesidad de viajar en bus durante un mes, seguro que me costaría una barbaridad y tendría un humor de los mil diablos.

¡Me he convertido en un pequeño burgués materialista!

2 comentarios:

el antropologo inocente dijo...

Te voy a decir algo, no tiene nada que ver con que seas burges o algo asi, es cosa de seguridad, los buses en El Salvador son una tremenda y absoluta porqueria, si todo el mundo en El Salvador pudieran tener acceso a un vehiculo, te juro que nadie viajara en esas porquerias, pinches chatarras con rueda.
Ahora cuando tengo la oportunidad de visitar a mi madre en NYC da gusto utilizar el transporte publico, buses y aun el metro es otra cosa, podria vivir solo con el transporte publico si este fuera aceptable.

Arbolario dijo...

Muchas personas me han dicho que en San Salvador un carro es una necesidad. En ciudades que están más organizadas el transporte público te facilita la vida. Aquí, por el contrario, te la embrolla.