2.2.07

Borges

Mi primer encuentro con Borges fue a los diez años. Tuve el atrevimiento de pedirle a mi madre que para mi cumpleaños me regalara varios libros que aparecían en un listado de una de las librerías del centro. De todos los que había señalado, sólo encontró tres. Uno de ellos era La metamorfosis, de Kafka, en una edición de Losada. El chiste es que esa edición había sido traducida y prologada por Borges.

En ese prólogo, Borges habla de las ideas u obsesiones que habitan el universo kafkiano: la opresión y el infinito. Ahí me enteré que existía una cuento de Kafka sobre la muralla china, que le servía al maestro argentino para ahondar en su análisis. Ése fue el primer texto borgiano que marcó mi camino.

Algunos años después, en uno de los libros de texto de bachillerato del Dr. Luis Melgar Brizuela, encontré uno de los cuentos del libro Ficciones: Las ruinas circulares. Es hasta el día de hoy uno de mis cuentos favoritos. El final siempre me ha parecido conmovedor, aterrador y fantástico: "Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo". Muchas personas no lo recuerdan, o no lo consideran muy importante. Yo pienso que es uno de los mejores cuentos que escribió.

Dicen que cuando un libro llega a las manos del lector en el momento apropiado la energía resultante es similar a la que se libera en un choque de estrellas. Algo así debió suceder cuando descubrí Ficciones. Cada uno de sus cuentos es una aventura por mundos plenos de imaginación y amor a la literatura, por personajes atormentados en laberintos formados por la materia prima que es la palabra. Creo que es imposible salir indemne de una lectura de "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", uno de los mejores textos borgianos. Siempre me ha maravillado cómo una anécdota personal puede transformarse en un texto tan delicado y preciso como "El sur".

El legado de Borges está asegurado, tanto a través de sus poemas como de sus cuentos y ensayos. Es uno de los más importantes escritores de nuestra lengua durante el siglo XX. Podemos contarlo entre los buenos recuerdos que nos dejó esa centuria tan atormentada.

2 comentarios:

Astrolabio dijo...

Sin duda, Arbolario, Jorge Luis Borges es un renacentista. Supo ver la magia de sus férreas construcciones, con ensoñación de clarividente. Exploró las estáticas leyes del I Ching, con destacada suerte. Miró la vida en plenitud desde su ceguera, y nos enseñó que aún sabiendo que la vida es arena, debemos construirla como si fuera roca. Saludo.

Arbolario dijo...

Imaginate qué significó Borges para mí, cuando a los quince o dieciséis años encontré ese cuento llamado "Las ruinas circulares". Fue el descubrimiento de un mundo tan grande que salía de los libros.