28.9.06

Hace quince años y un día

Hace quince años y un día, el 27 de septiembre de 1991, me gradué de la universidad. En esa fecha ocurrieron muchas cosas que aún recuerdo.

Llegué al estacionamiento detrás de la biblioteca de la universidad. Me bajé del taxi y encontré a uno de los profesores más exigentes de mi carrera. Al verme de saco y corbata entendió que iba a mi graduación y me felicitó. Suya fue la última nota que supe en mi último ciclo: 6.1.

Cuando hacía fila para entrar al auditorio vi a dos amigas que saludaban a alguien. Yo correspondí el saludo de manera mecánica, casi como un reflejo, por si el asunto era conmigo -días después me dijeron que sí, que era a mí a quien veían-. Estaba tan nervioso que ni siquiera pude sonreírles.

Casi al final de la graduación, el vicerrector de la universidad, un sacerdote jesuita, pidió disculpas pues iba a retirarse. Esa noche se desarrollaban los alegatos finales en el juicio por el asesinato del padre Ignacio Ellacuría y el resto de su comunidad. El rector ya estaba en el juicio. El vicerrector se marchó y quedaron otros catedráticos y religiosos presidiendo la mesa de honor.

Luego de las últimas fotos y las despedidas, salimos con mi familia a buscar un taxi para ir a cenar. Llovía a cántaros. Encontramos un taxi rápido y nos llevó al restaurante que le pedimos. Como si fuera una película, ocurrió una gran coincidencia: el taxista había sintonizado en la radio la transmisión de los alegatos finales del juicio. Nadie de mi familia dijo una palabra. Durante la guerra civil –faltaban menos de cuatro meses para la firma del acuerdo de Chapultepec- corría el rumor de que todos los taxistas eran orejas –soplones-.

Mi mamá se enfermó en el restaurante. Le dio un fuerte dolor de cabeza. Nos apuramos a terminar la cena y regresamos a la casa. En esos días había un fuerte racionamiento de energía. Creo que a medianoche desconectaban el servicio en nuestra colonia.

Me desperté de madrugada y encendí una radio portátil. El mundo circundante era todo oscuridad y silencio. En la otra cama del cuarto mi hermano dormía. Yo, con la radio pegada a mi oído, escuchaba el veredicto del jurado.

7 comentarios:

Aniuxa dijo...

Qué buen post... Yo me acuerdo poco de esa época, más bien por la edad. Pero bueno, felicidades por los 15 de ser profesional... yo llevo -1 mes jiji... me gradúo el otro mes.

Marina dijo...

Me hiciste pensar en cuánto tiempo tengo de haberme graduado yo de la U. Son 14 años 1 mes 2 días exactos.

En realidad, me gustaba hacer la broma que nunca me había graduado de nada, cosa que molestaba mucho a mi familia. Tanto para la secundaria como para la universidad, completé los requisitos necesarios y luego salí de viaje para vivir en otro país. Así que oficialmente nunca me gradué porque no asistí nunca a un acto de graduación propio. De todos modos esos días de cierre de algún ciclo siempre son especiales.

Gracias por hacerme recordar.

Soy Salvadoreño dijo...

Me hicistes recordar que la ultima nota de mi ultima materia de mi ultimo ciclo fue 6.0. Y era exactamente lo que necesitaba para alcanzar la nota minima de aprobacion. Cuando la vi, hice un suspiro de alivo y me puse a brincar de alegria. Me gradue casi 10 años despues de ti.

Que post mas interesante para recordar.

Saludos

Antares dijo...

De no ser por tu post, ni me hubiera acordado de mi graduación, hace cabalísticos 13 años jeje. Tengo unas fotos de película! yo, en calidad de bulto, en los puros huesitos, con cara de morticia y ojeras de un kilometro jajajjaja, así terminé de fundida. Y es que para algunas cosas no teníamos la tecnología....nunca creí que diría esto: ¡Benditas las computadoras!jjajaja

Bettus Melancolicus Horribilis dijo...

La melancolía... lágrimas secas por el transcurrir, salitre que
se me zampa en los ojos y el pecho cada vez en vez y cuando en cuando... salitre del mar de ayer... Don Chambiux, quizás el dolor viejo que me retoña de vez en cuando es el recuerdo de sus rostros austeros y afables, de sus pasos firmes y seguros, de sus palabras profundas y desempeñadas... y si! recuerdos los dias de su martirio... pero no mi graduaciones, que paracen ya leves e inconsecuentes, pues somos el ejemplo que ponemos, no las palabras que decimos o los titulos que llevamos en papeles mullidos... salud melancolia! un brindis a los curas caídos!... ojala que algún dia, en El Salvador, su memoria, sacrificio y contribución sean horradas con justicia...

Aldebarán dijo...

Interesante como se mezclan todas las cosas. La historia que cuentas es casi novelesca, para demostrar que la realidad no tiene que pedirle mucho de prestado a la ficción.

Y en cuanto a que muchos taxistas eran "orejas" pues creo que los rumores no eran infundados.

Felicidades por el aniversario.

Arbolario dijo...

Aniuxa: felicidades por tu graduación.

Marina y Antares: me ocurre algo simpático con mis diplomas de la universidad. Resulta que no tienen foto. No están diseñados para incluirla. De esa manera no puedo quejarme del paso del tiempo. Qué alivio.

Soy salvadoreño: antes de recibir la última nota, fue de elevar mil oraciones hasta que por fin el profesor me dijo que había aprobado.

Bruxo: tal y como decía Salvador Samayoa, creo que a menos de que uno de los autores intelectuales del crimen confiese, nunca sabremos toda la verdad.

Aldebarán: además de que la realidad en ocasiones no necesita de la ficción, ocurre también a veces que la ficción copia a la realidad. Tres días después de que se estrenara la película "Síndrome de China", que trata de un accidente nuclear en una planta de energía, ocurrió el accidente de la Isla de las tres millas.