21.7.09

Bartleby, el escribiente


Preferiría no hacerlo era la respuesta favorita de Bartleby, el escribiente. Cada vez que su jefe le solicitaba una tarea que aquél no consideraba que debía realizar sacaba a la luz sus más conocidas palabras. Y no es que se trataran de tareas desagradables, sino que se alejaban de su ocupación principal: copiar documentos legales.

Cuando el dueño de una firma legal contrató a un tercer escribiente para el despacho no se imaginó que Bartleby se convertiría en un gigantesco dolor de cabeza. Era un buen copista, pulcro y trabajador. Pero cuando se le requería para otras tareas contestaba: preferiría no hacerlo. Su jefe no estaba acostumbrado a que le llevaran la contraria, y se sorprendió mucho la primera vez que escuchó esta respuesta.

El jefe se dio cuenta que Bartleby vivía en la oficina. Ahí estaba la explicación de por qué era el primero en llegar y el último en irse. Pensó que el empleado no tenía dinero suficiente para pagarse una habitación y se apenó de él. Pese a que escuchaba el preferiría no hacerlo con mayor frecuencia no se aventuraba a amonestar a Bartleby.

Pero ocurrió que el escribiente decidió un día no trabajar más. Cada vez que se le pedía una copia contestaba preferiría no hacerlo. El jefe no sabía que hacer, pues sentía lástima por aquel hombre. Luego de mucho batallar consigo mismo decidió despedirlo, pero para su gran desagrado descubrió que Bartleby no abandonó la oficina porque... preferiría no hacerlo.

El jefe estaba desesperado. No sabía cómo deshacerse de Bartleby, y no quería llamar a la policía pues se apenaba de su antiguo empleado. Por fin se decidió a alquilar otra oficina y dejó atrás al escribiente. Algún tiempo después le llegaron noticias de que el nuevo inquilino estaba como loco pues Bartleby se negaba a marcharse porque... ustedes ya saben.

Este inquietante libro, obra de Herman Melville, es una pequeña joya de la narrativa corta traducida al castellano por Jorge Luis Borges. Al recorrer sus páginas recibí una descarga de angustia, tal vez por la incapacidad de penetrar en la mente de Bartleby para comprender sus extraños motivos. No hay nada que pueda hacerse sino observar el lento proceso de autodestrucción de un hombre tan extraño que despierta sentimientos de lástima, furia y tristeza. ¿Acaso nos conmueve porque nos vemos reflejados en su caída?

2 comentarios:

Rafael Menjivar Ochoa dijo...

Curioso, ¿no? Que el mismo tipo que escribió La Gran Novela, la Novela Total, haya hecho también una novela tan pero tan pequeña, y además sin perder profundidad ni trascendencia. Siempre me impresionó Bartleby (y qué fea la portada de tu ejemplar).

Arbolario dijo...

:-)

Y bueh... Me alegra que no juzguemos (literalmente) un libro por su portada.