25.5.09

Ascenso al volcán de Santa Ana por el costado norte (I)

Ya he perdido la cuenta de las veces que he subido al volcán de Santa Ana. Pero lo que siempre había hecho era subir al cráter desde el lado sur, desde una zona llamada San Blas. Pero eso cambió el fin de semana pasado cuando unos amigos me propusieron unirme a ellos para participar en un ascenso diferente.


Para ser más exactos, el ascenso se efectuó por el noroeste. El viaje comenzó en el pueblo llamado Los Naranjos, en la carretera que conduce de Santa Ana a Sonsonate. Eran las 10:20 a.m. cuando comenzamos a caminar. Los senderos nos llevaron entre cafetales y tierras de pastoreo. Unos minutos después del mediodía almorzamos en una casa de campo en ruinas.


Uno de los amigos que hizo el ascenso comentó que la mayoría de nuestros compatriotas desconoce cuántas bellezas posee el país. Yo he visto muchos lugares impresionantes, y lo que no deja de admirarme es que en cada viaje descubro nuevos paisajes a pesar de que el territorio es tan pequeño.


En algunos tramos el sendero se ha vuelto de difícil acceso. Hay muy pocas personas que suben por esta ruta y las plantas la han invadido. Como a las 2:30 p.m. perdimos el sendero y tuvimos que abrirnos paso entre el bosque. Desde el lecho de un río subimos por una pared y luego caminamos entre altos arbustos hasta encontrar de nuevo el camino.

Cerca de las 4:45 p.m. observamos la zona boscosa situada al noroeste del cráter. En ese momento comenzó la lluvia. Como no era muy intensa decidimos seguir, pues creímos que faltaban unos diez minutos más de ascenso. Error. Serían diez minutos si el sendero estuviera despejado, pero nuestras mochilas (donde llevábamos ropa, comida, bolsas para dormir, tiendas de campaña, etc.) se enredaban en las plantas y nos impidieron un paso más rápido. Además el cansancio acumulado nos pasó factura.

Cerca de las 5:00 p.m., es decir, seis y media horas después de iniciado el ascenso, llegamos a la planicie cercana al cráter. Abrimos un toldo y nos refugiamos como pudimos bajo él para protegernos de la lluvia. Casi una hora después pudimos salir. Nuestras ropas estaban empapadas y el frío era intenso. No había tiempo que perder. Armamos el campamento, nos cambiamos de ropa y nos preparamos para pasar la noche en la tercera cumbre más alta del país.

2 comentarios:

el antropologo inocente dijo...

Y las fotos del crater??? SUBILAS

Arbolario dijo...

Paciencia, barón. Paciencia.