7.7.08

¿Qué le pasa a nuestro público?

Ayer fui a la presentación del Rey Lear, que se efectuó en el Teatro Poma. El director, Roberto Salomón, reunió a un grupo grande de actores -para nuestros estándares, catorce personas forman ya un gran elenco- para el montaje. La limitación de un espacio tan pequeño fue bien resuelta.

Quiero detenerme, sin embargo, en la actitud del público. No creo que haya sido la presencia de Antonio Lemus Simún, quien normalmente actúa en comedias y en esta ocasión interpretó al Rey Lear, la que provocó la risa de muchas personas en ciertos diálogos. Eso lo he sufrido anteriormente. La primera vez, cuando un grupo argentino montó hace muchos años El beso de la mujer araña. Fue detestable escuchar la risa de la gente. Debieron creer que observaban una comedia. Se quedaron mudos cuando Valentín y Molina se dieron un beso en la boca.

Hace un par de años Lemus Simún participó en el montaje de Una gata sobre el tejado caliente, dirigida también por Roberto Salomón. Estuve a punto de salirme del teatro, pues no soportaba la risa de la gente. Parecía que les hacían cosquillas cada vez que uno de los actores decía la palabra "puta" o "culo". No sé cómo se habrá sentido el elenco. Si yo hubiese estado en sus zapatos me habría sentido defraudado.

¿Qué le sucede a nuestro público? Una palabrota en el escenario es suficiente para que la gente se parta de risa. ¿Será necesario desterrar entonces el lenguaje vulgar para evitar esa reacción? Un caballero en la primera fila, muy divertido, no perdía ocasión para reír. ¿No se habría enterado que el Rey Lear es una de las grandes tragedias de Shakespeare?

8 comentarios:

Jacinta dijo...

Me parece que no es una cuestión de un público local, ni ocurre únicamente en el teatro o ante palabras groseras.
Aquí en Costa Rica he dejado de ir bastante al cine y prefiero alquilar películas para verlas en mi casa, porque la gente se ríe en los momentos más dramáticos o terribles, por ejemplo, cuando están matando a alguien. Eso me pasó mucho cuando vi "No country for old men". También recuerdo cuando vi "Titanic" en Nicaragua, el barco se va de punta, medio mundo se muere y cae al agua, y la mara muerta de la risa...
Sería interesante que se hiciera un análisis socio-psicológico de ese fenómeno. Creo que tiene que ver con los niveles de violencia y agresión que vivimos en la realidad, malas palabras incluidas, y en cómo la gente reacciona ante ello cuando lo ve retratado en el cine, en el teatro o los libros. Me parece que es algo así como burlarse de la desgracia propia cuando se mira retratada en algo que es ficción.
Salú.

Arbolario dijo...

Esas risas, que ignoro qué las provoca, son bastante desagradables. Comprendo tu respuesta ante el mismo problema.

René dijo...

pues eso creo que es parte del "pseudo público de teatro" que asiste a estas presentaciones, muchos van sólo porque la "fulanita o fulanito" van a asistir, y quizá ella o él rigen algún patrón de comportamiento en ciertos estratos sociales (a donde va Vicente...pues)....otra cosa que puede ocasionar esto es la presencia de un actor que tradicionalmente ha saturado la oferta teatrera de puras comedias, es comparable a cuando vemos a Jim Carrey en un rol serio, uno está pendiente de la menor mueca, porque a eso nos tiene acostumbrados....el ejemplo de Jacinta es aplicable a la película de Guazapa, que fue un mar de risas en el cine al que yo fui, porque nos veíamos retratados y hasta caricaturizados en nuestra forma tan tierracollarense de hablar que nos provocó risa contagiosa...con el teatro hay mucha tela que cortar, no he visto la obra, pero en otras que sí he visto, los actores pecan de sobre actuación o sobrecarga de entonación cuando dicen malas palabras, si fueran más naturales o si al menos mantuvieran el mismo nivel de entonación, no provocarían al público, es como cuando se lee un poema y se "actúa", de alguna manera se maniopula la intención de parte del que lo declama.....quizá valdría la pena también hacer una advertencia antes de iniciar la obra sobre el hecho de que las risas molestan,esto no estaría mal de parte de los organizadres, al menos cuando se esté ante la presencia de una obra que merece guardarse las risas para el circo.

Arbolario dijo...

Me pregunto qué habría pasado si les hubiesen advertido que estaban a punto de presenciar una de las tragedias más conocidas de Shakespeare. Creo que eso les habría ayudado a dejar esas risas de lado.

Herberth Cea dijo...

Hace un mes me sucedió algo parecido, en el teatro de la UES. Me quería salir pero me atenía a que los actores (mejor dicho los actores en formación) en su papel de huelepegas, ladrones, trasvestis, guardias y prostitutas, empezaran a decir cosas o a gritar como en el principio, insultando al público. Tampoco entendía por qué el público se reía de las malas palabras y eso que era una obra sobrecargada en malas palabras.
No entendía por qué a la gente le gustó y fue tan aplaudida, si los habían insultado (todo para recrear la sensación de estar en la calle, era el argumento de los actores).

Si a los espectadores les hubiesen dicho que era una de las tragedias más conocidas de Shakespeare, quizás no cambiaría mucho, la mayoría no ha ni leído un tan sólo libro de él.

América M. Alonzo dijo...

Eso de que estallen las risas durante ciertos parlamentos es algo bastante proliferado. Pero si vemos bien, en la mayor parte de la oferta teatral del país, casi nunca faltan los "¡hijo de puta!" "culo" "mierda" y demás. Creo que los directores se valen de ese sensacionalismo para atraer público y para que uno de espectador quede con la impresión de que "aquí no hay pelos en la lengua".
A mí en lo particular me causaron gracia varias cosas del montaje, por ejemplo: ni los mismos actores se enteran de que es una gran tragedia lo que se vive ahí dentro, casi todo es de mentiritas( expresan dolor y angustia con gestos ya bien gastados), hay un montón de acciones no muy justificadas.
Pero no quiero llevarmela de crítica.
Y sí, suscribo totalmente su afirmación de lo desagradable que es que el público se muera de la risa por una palabrota.
Aunque sigo pensando que no es culpa absoluta del público.
Saludos!

Carlos dijo...

Y si de repente por las limitantes histriónicas de algunos actores, lo que tuvo que ser una escena drámatica se degradó a algo parecido a la parodia y el público pensó validamente que el elenco trataba de recrear un momento hilarante?

el antropologo inocente dijo...

Es claro, hay diferencias culturales en los públicos, existen los públicos que son parcos, tambien los hay serios -algunos europeos supongo-, en el caribe y en nuestas tierras la gente reacciona de diferente forma a lo que se "supone" que la gente debería de hacer. Reir, ¿Que te puedo decir?, la gente simplemente lo siente, supongo que es lo que hace viva la presentación.
Habría que llevar el teatro al campo y ver como reacciona la gente en areas rurales, seguro sera diferente y quizas te moleste tambien, pero la gente reacciona de acuerdo a su particularismo cultural, social e histórico.