20.2.07

Momentos estelares de la humanidad


Desde hace muchos años caí en las redes de Stefan Zweig. El primero de sus libros que me impactó fue la biografía de Fouché. Considerado uno de los grandes biógrafos que engendró el siglo XX -sus trabajos sobre Magallanes, María Estuardo y Americo Vespuccio son extraordinarios-, Zweig fue también un historiador minucioso. En esta faceta es que lo encontré en el libro Momentos estelares de la humanidad.

El autor escogió algunos de los episodios históricos más importantes de los últimos siglos y los desmenuzó con precisión. Es así como disfrutamos con la reconstrucción del viaje de Vasco Núñez de Balboa a través de Panamá para descubrir la Mar del sur: el Océano Pacífico. Nos palpita con rapidez el corazón cuando acompañamos a los habitantes de Constantinopla durante los días de asedio que la urbe sufrió a manos de los turcos, y que culminaron con la caída del último vestigio del Imperio Romano -debido a un descomunal descuido en las defensas del perímetro-. Atisbamos encima del hombro de Rouget una noche en la ciudad de Estrasburgo en la que escribió la Marcha para las tropas del Rín, un canto que habría pasado inadvertido para la humanidad de no ser por un estudiante de medicina, al otro lado del país. Este joven interpretó la melodía en una reunión de voluntarios del ejército, e hinchó tanto el corazón de sus amigos de patriotismo y valentía que la adoptaron como su canto de batalla. En cada pueblo y ciudad que visitaban la cantaban con gran fervor. Así llegó hasta París, donde también fue acogida con mucho entusiasmo. Había nacido La Marsellesa.

Algunas páginas después nos encontramos en los campos de batalla de Bélgica, junto a las tropas de Napoleón. Escuchamos cuando a Grouchy le es comisionada la persecución del ejército prusiano para evitar que se reuna con los ingleses -bajo el comando de Wellington-. En el campo de batalla de Waterloo el genio de Napoleón es derrotado cuando los prusianos evaden el cerco y suman sus fuerzas a las inglesas. Grouchy tuvo que vivir el resto de su vida con el remordimiento de conciencia que le causó el recuerdo de esa jornada. De no haber seguido al pie de la letra las órdenes de su emperador, habría regresado junto a sus compatriotas para auxiliarlos.

Händel, Tolstoi, Dostoievsky y Goethe son algunos de los protagonistas de la historia que Zweig ha recordado para incluirlos en su libro. Cada uno de ellos nos muestra un instante de sus vidas que resultó crucial para la obra que legaron a los siglos venideros. Al final del libro descubrimos a un hombre taciturno que vive exiliado en la ciudad de Zurich (Suiza). Ahí pasa sus días hasta que le avisan que ha estallado una revolución en su patria. Él intuye que su presencia es muy importante para la rebelión, pero hay muchos gobiernos que no están dispuestos a permitir que regrese. Por fin, este hombre hace un trato con el embajador alemán. Cuando retorne a su patria y su partido ascienda al poder firmará un tratado de paz con los teutones. A cambio, los alemanes le permitirán regresar de la manera más rápida posible. El trato es aceptado y el exiliado retorna junto con su familia y muchos otros integrantes de la diáspora. Al llegar a su destino es recibido como un héroe por los trabajadores. El papel de Lenin en la historia estaba apenas comenzando.

2 comentarios:

Natalia Book dijo...

Estoy empezando a conocer a Zweig. Y hemos elegido 'cartas de una desconocida' como libro de lectura para septiembre en nuestro club. Este del que hablas tiene muy buena pinta y veo que aparece Dostoievsky. Pero creo que también hay otro más específico sobre Dostoievski (en el que también habla de Dickens y otro más que creo es Tolstoi) ¿Sabes algo?

Arbolario dijo...

Hola, Natalia. Escribí una nueva nota sobre Zweig en el blog, como te habrás dado cuenta. Investigué sobre su obra y descubrí que hay un libro llamado Tres maestros, donde están incluidas las biografías de Dickens y Dostoievsky. Saludos.