21.12.06

Dejemos hablar al viento



Un amigo me preguntaba ayer el por qué del relativo desconocimiento que existe de la obra de Juan Carlos Onetti. Yo le contesté que, en mi opinión, sus libros sí son conocidos, aunque no tanto como los de otros escritores latinoamericanos del siglo veinte. Quien lea a Onetti y sucumba a su prosa quedará encantado por los siglos de los siglos.

La novela Dejemos hablar al viento es uno de los últimos libros del autor uruguayo, con el que quiso cerrar el ciclo inaugurado en La vida breve. Santa María, la ciudad que Juan María Brausen imagina -y al hacerlo, crea-, junto con los personajes que habitarán sus calles de pesadilla y alucinación, es llevada a su Apocalipsis.

Medina, el comisario de Santa María, se ha marchado a la ciudad de Lavanda. Ahí sobrevive gracias al dinero que una prostituta le entrega. También desempeña algunos empleos miserables y se dedica a la pintura. Desde su exilio, Medina intenta volver a la mítica ciudad, pero por alguna razón no consigue hacerlo. Sólo podrá cumplir su objetivo cuando encuentra a un personaje de un libro anterior, ya fallecido, que le muestra un escrito donde se menciona a una ciudad llamada Santa María.

Los personajes del mundo Onettiano cruzan las fronteras de los sueños y la imaginación en esta novela. Acaso algunos descubren que la ciudad de Santa María es una invención de Juan María Brausen. ¿Podría alguno de ellos descubrir que Brausen, el fundador, el creador, es también una criatura imaginada?

¿Seríamos capaces nosotros de descubrir la vereda correcta en la bifurcación? ¿Quién nos dice que no somos más que una ilusión, un sueño, que mana de la pluma de un magnífico escritor?

Me encantaría ser un personaje de Onetti.

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