25.4.06

Hospital público

En estos días tuve que entrar al hospital público más grande en la Tierra de collares. Hacía veinte años que no lo hacía, si no me fallan las cuentas. Ahí solicitan consulta las personas que no tienen para pagar un médico privado o quienes no están inscritos en la seguridad social.

Al caminar por esos pasillos sucios y sobrepoblados me entró una depresión súbita. Sólo pude pensar en la suerte que tengo de contar con los recursos para pagar una consulta privada, o incluso una hospitalización. Pero los que no tienen más remedio que depender de los residuos del sistema de salud sí que están en un grave aprieto.

Cuando una persona camina por este hospital observa hacia el interior de los pabellones, donde veinte o veinticinco personas descansan en camas estrechas, entre sábanas que han sido utilizadas un millón de veces. De repente, hay que apartarse del camino, porque un enfermero conduce un cuerpo a la morgue.

Estoy consciente de que una rutina tan dura puede volver de piedra los corazones de las personas que trabajan en el sistema de salud. Sin embargo, si alguien que lee esta nota labora como enfermera o médico, administrador o ayudante, permítanme decirles que tanto los pacientes como los visitantes no tenemos la culpa de sus amarguras. Al menos no de manera voluntaria. Sé que en este hospital la situación es desesperada, pero no dejen que eso consuma sus almas.

Me gustaría pensar que los problemas del sistema de salud mejorarán pronto. En verdad deseo que así suceda.

2 comentarios:

Antares dijo...

Cuando era niña soñaba con ser doctora, al pasar el tiempo y dado mi carácter, consideré que no iba a servir en eso porque soy demasiado aguada -entiéndase sensible :o)- y lo más probable era que me pusiera a llorar a la par del enfermo. Entiendo que todos los que tienen que bregar con las debilidades humanas tienen que inyectarse de aparente insensibilidad para no sucumbir ante el dolor, pero además de eso, les toca bregar contra el sistema que desgraciadamente en nuestro país "es una desgracia", contra todas las carencias que los deja desarmados e impotentes ante el dolor humano, especialmente en una institución como esa que mencionas, los pobres deben ponerse una coraza aún más dura y me imagino que el instinto de supervivencia les indica, "o pierden la sensibilidad o mueren". No es una disculpa ante la actitud aparentemente desalmada de algunos trabajadores del sector salud, pero reflexiono, ellos necesitan estar bien para atender bien, estar fuertes en sus necesidades para poder suplir las de otros.

"...Hay que chequearte la presión
pero la sala está ocupada y, mi querido
en este hospital no hay luz para un electrocardiograma
Abrí los ojos como luna llena y me agarré la cabeza
porque es muy duro
pasar el Niágara en bicicleta..."

Arbolario dijo...

Tranquilo, Bobby, tranquilo.