1.11.07

Me olvidaste

Ayer, al salir del trabajo, encontré a una antigua compañera de universidad. Estaba acompañada de su hijo pequeño, de menos de un año de nacido. No la había visto en casi una década. Sin embargo, la reconocí de inmediato. Sus facciones siguen siendo las mismas, y continúa utilizando el mismo tipo de lentes que tenía hace veinte años.


A medida que avanzó la conversación me di cuenta de un detalle: ella había olvidado mi nombre. Yo en cambio recuerdo el suyo y el de su esposo -también fue compañero nuestro en la universidad-, y los mencioné sin asomo de duda. Casi al momento de despedirnos me preguntó mi apellido. Luego le di mi tarjeta de presentación.


Debo aclarar que esta anécdota me ha ocurrido en infinidad de ocasiones, siendo yo el que padece de olvido. Soy capaz de recordar canciones y números de teléfono que aprendí hace treinta años, pero también de olvidar una conversación de la semana anterior. Bueno, se supone que estos juegos de la memoria son normales a medida que envejecemos.


Si me encontrás por la calle y advertís que me esfuerzo por recordar tu nombre, por favor disculpame y teneme paciencia. A lo mejor cuando escuche tu voz logre rescatarlo de las profundidades de mi cerebro revuelto.

No hay comentarios: